
Los gases fluorados son los únicos gases que participan en el efecto invernadero y no son de origen natural, sino que son artificiales.
Cuando decimos artificiales nos referimos a que son producto de la mano del hombre mediante la industrialización.
La problemática de estos gases es que debido a su origen son altamente contaminantes y perjudiciales para el efecto invernadero, en los países industrializados llegan a formar el 15% del total de la emisión de gases.
El calor que éstos pueden llegar a retener es 22.000 veces superior al dióxido de carbono y con la desventaja que pueden permanecer incluso por miles de años en la capa de ozono, incrementándose diariamente.
Detallando los gases fluorados podemos decir que están formados por hidrofluorocarbonos (HFC) que se utilizan en distintos tipos de refrigeraciones como aires acondicionados, los perfluorocarbonos (PFC) que son utilizados en la industria electrónica y de aluminio, los gases de sulfuro hexafluorido (SF6) mayoritariamente usados en la industria electrónica y por último los clorofluorocarbonos (CFC) que fueron prohibidos en el año 1987 por el protocolo de Montreal y en la actualidad lentamente van siendo eliminados del sistema industrial.
Todos estos gases, como explicamos, no son naturalmente necesarios para el efecto invernadero, por lo que únicamente provocan y generan un mayor recalentamiento global generalizado a medida que la industrialización sigue avanzando desmedidamente sin control alguno.
Publicado por Mariana en Calentamiento Global, Cambio climático, Efecto Invernadero el 21 Agosto, 2008
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Ante todo, reciban un cordial saludo:
He leído la información sobre gases fluorados de efecto invernadero, y no quisiera dejar pasar mis experiencias como técnico en el sector de la climatización, para ofrecerles mi punto de vista sobre el uso de refrigerantes con un alto potencial de calentamiento o GWP.
No queda tan claro que la eliminación de estos productos sea la solución al problema, pues la perspectiva de su acción generadora de efecto invernadero, habría que contemplarla desde la producción del equipo o sistema a lo largo de su vida útil, incluyendo su fabricación y posterior destrucción, de unidades de CO2 equivalentes, a este cálculo se le denomina TEWI.
El TEWI contempla un sumatorio del GWP del producto, con los porcentajes de posibles escapes, como de la posibilidad de recuperar sólo el 90% de la carga del fluido refrigerante a la hora de la destrucción y reciclado de los componentes del equipo. Así mismo evalúa en función de una media de horas anuales durante 15 años, la cantidad de CO2 producido para la generación de la energía consumida por el equipo durante su funcionamiento.
Hay que tener en cuenta que estos productos, al tener unas condiciones prácticamente nulas de inflamabilidad y toxicidad, pueden emplearse en los sistemas llamados de expansión directa, mientras que refrigerantes de bajo nivel o nulo GWP, como por ejemplo el amoníaco o los hidrocarburos, debido a sus condiciones altamente peligrosas y de riesgo no se pueden emplear de forma directa, sino a través de un refrigerante secundario, generando un factor de transporte con su correspondiente consumo de energía para el movimiento de dicho fluido.
Pues bien después de diferentes análisis comparativos, el único país de Europa donde el TEWI resulta favorable con el empleo de refrigerantes no fluorados, es Francia. ¿Sabéis porqué? Muy sencillo, su producción eléctrica, al ser mayoritariamente nuclear no genera CO2.
De modo que mientras en Europa, no procedamos a la eliminación de la producción de la mayor parte de la energía eléctrica mediante el quemado de combustibles fósiles, por otros sistemas mediambientalmente viables, no es más favorable para el resultado final de calentamiento del planeta la eliminación de estas sustancias.
Si que podemos mientras ese día llega, ir haciendo algo para mejorar el resultado final y es trabajar en la profesionalización del sector en los aspectos de confinamiento y reciclado de éstos productos, bajo la premisa de que la mejor solución para eliminar un residuo contaminante es no producirlo, para ello nos pueden resultar de gran utilidad los reglamentos que han llegado últimamente al sector como son el 842/2006 y el 1516/2007.
En la esperanza de conseguir un entorno más favorable, les animo a seguir trabajando.
Saludos.